El 22 de noviembre de 1963, mientras John F. Kennedy recorría Dallas en una limusina descapotable, en París estaba ocurriendo una escena que parece sacada de una novela de espionaje. La CIA llevaba tiempo hablando con un cubano que aseguraba estar dispuesto a participar en una conspiración para eliminar a Fidel Castro. En aquellos contactos había llegado a hablarse incluso un pequeño dispositivo escondido dentro de un bolígrafo, equipado con una aguja capaz de inocular veneno. Y ese mismo día, mientras la operación contra Fidel seguía cocinándose, llegó desde Estados Unidos una noticia brutal: acababan de dispararle a Kennedy.
El cubano metido en aquella historia se llamaba Rolando Cubela Secades. Y probablemente ese nombre no le diga demasiado a muchísima gente, porque Cubela nunca fue uno de los grandes nombres del gobierno revolucionario. No fue el Che, no fue Camilo, no fue Almeida ni Ramiro Valdés. No dirigió ningún ministerio poderoso ni perteneció al pequeño grupo que terminó controlando Cuba. Precisamente por eso su historia resulta tan curiosa: un hombre relativamente secundario terminó convertido en protagonista de una de las operaciones más extrañas de la CIA contra Fidel Castro. Fue condenado a muerte, pero el mismo Fidel lo perdonó. Soy Ernesto y esto es PULSO DISIDENTE
Y aquí conviene poner a Cubela exactamente en el lugar histórico que le corresponde, ni más arriba ni más abajo. Antes de 1959 sí había tenido una trayectoria revolucionaria importante, pero no en el Movimiento 26 de julio sino dentro de otra organización: el Directorio Revolucionario. Y eso tiene valor porque nos obliga a recordar algo que la historia oficial cubana terminó contando casi siempre alrededor de Fidel Castro, la Sierra Maestra y el Movimiento 26 de Julio: Batista tenía enemigos armados que no obedecían a Fidel y que tenían sus propios jefes, sus propios proyectos políticos y, naturalmente, sus propias ambiciones.
El Directorio Revolucionario estaba muy ligado al movimiento estudiantil y su figura más conocida por entonces era José Antonio Echeverría, conocido como Manzanita, que era presidente de la Federación Estudiantil Universitaria. Como la mayoría debe saber, el 13 de marzo de 1957 ocurrió una de las acciones probablemente más audaces de toda la lucha contra Batista: El asalto al Palacio Presidencial en la Habana para eliminar físicamente a Batista y el asalto a la emisora Radio Reloj que todos los cubanos conocemos. El plan era que un grupo entrara al Palacio Presidencial para intentar matarlo, mientras José Antonio y otros jóvenes tomaban Radio Reloj para anunciar la muerte del dictador a todo el país y llamar al país a levantarse. Pero Batista se escapó y a José Antonio lo mataron prácticamente saliendo de Radio Reloj poco después cerca de la Universidad de La Habana.
No existe, hasta donde yo sé, un documento donde José Antonio Echeverría ni nadie del Directorio diga: “vamos a hacer esto para quitarle la Revolución a Fidel Castro”. Pero tampoco hace falta convertir la política en un cuento infantil. El Directorio y el Movimiento 26 de Julio querían acabar con Batista, pero eran organizaciones diferentes, con dirigentes diferentes y proyectos propios. Si el Directorio hubiera matado a Batista ese 13 de marzo de 1957 y conseguido hacerse con el control de la situación en La Habana, difícilmente habría dicho después: “bueno, ahora vamos a esperar tranquilamente a que Fidel baje de la Sierra para entregarle el poder”. La lucha era contra Batista, sí, pero también existía una competencia natural por quién terminaría encabezando el país después de Batista. Si el ataque al Palacio Presidencial hubiera salido bien, ahora la historia de Cuba sería otra muy diferente, pero el hubiera no existe así que… bueno…
Cubela venía precisamente de ese mundo. No era un hombre formado políticamente debajo de Fidel y tampoco era comandante del Ejército Rebelde de Fidel. Ese matiz hay que dejarlo claro. Cuando decimos que Cubela fue comandante, hablamos de un jefe militar del Directorio Revolucionario, no de un comandante al mismo nivel histórico que Che Guevara, Camilo Cienfuegos o Juan Almeida dentro del aparato militar fidelista.
Y aquí aparece además un episodio que para mucha gente puede resultar sorprendente y desconocido. Antes de la famosa Rebelión del Escambray contra Castro, en aquellas mismas montañas hubo guerrillas peleando contra Batista. No estoy hablando de los famosos alzados anticomunistas de los años sesenta, sino de 1958, antes de que la revolución triunfara y Fidel estaba todavía armando su guerrilla en la Sierra Maestra, El Directorio Revolucionario estableció fuerzas guerrilleras allí y Cubela llegó a ser el Comandante Cubela dentro de ellas.
El Escambray de 1958 era mucho más complicado de lo que después quedó en la versión simplificada de la historia. Había fuerzas del Directorio, había hombres del Movimiento 26 de Julio como el grupo de Víctor Bordón un discípulo del Che y estaba también el Segundo Frente Nacional del Escambray de Eloy Gutiérrez Menoyo, entre otros. No existía una sola guerrilla obedeciendo disciplinadamente a Fidel desde Santiago de Cuba hasta Las Villas.
Por eso, cuando el Che llega a Las Villas en octubre de 1958, no llega a unas montañas vacías para fundar la guerra. Ya había hombres combatiendo allí. Lo que intenta es extender y afianzar la autoridad del Movimiento 26 de Julio, o sea, la autoridad de Fidel, coordinar fuerzas y negociar con organizaciones que tenían mando propio. En diciembre se firma el Pacto del Pedrero entre el Movimiento 26 de Julio y el Directorio, y esas fuerzas terminan cooperando en la ofensiva final contra Batista.
